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martes, 5 de agosto de 2014

Empresas multinacionales agrarias en Mozambique

En el marco de la Segunda Conferencia Triangular de los Pueblos, celebrada en Maputo, durante el mes de julio de 2014, las mujeres campesinas de Mozambique, reportaron que las empresas multinacionales les prohíben el paso a sus tierras, de donde ellas extraen madera para cocinar y alimentos salvajes que son recolectados.
Las multinacionales practican allí una agricultura industrial, con foco en cultivos transgénicos, como soja, que dañan al medio ambiente y también a las poblaciones linderas.
Las mujeres denuncian que la adquisición de las tierras, por parte de las empresas extranjeras, fue realizada violando la Ley de Tierras del país, donde se señala que las comunidades son las que tienen la última palabra acerca de la enajenación o no de las parcelas cultivables.
Más información sobre el tema aquí.

martes, 29 de junio de 2010

Alimentos y poder

En las clásicas teorías sobre surgimiento de los estados, el tema del control del recurso hídrico fue postulado como uno de los fundamentos. Quien dominaba el acceso al agua dominaba toda la sociedad.
En el mundo moderno, capitalista, el estado es un instrumento más al servicio de las ganancias empresariales. Pero su relación no es únicamente de vasallaje. La interacción es constante y los beneficios suelen ser mutuos. La política y la economía van de la mano en la reproducción del status quo.
El negocio de la alimentación está hiperconcentrado en unas pocas multinacionales que controlan todo el rango del proceso, desde los productores a los consumidores. Pagando poco al productor primario, en un mercado oligopsónico, con muchos vendedores y un solo comprador. Vendiendo caro al consumidor final, en un mercado olipológico, con un solo vendedor y muchos compradores. Así extraen lo mejor de los dos mundos, privatizan las ganancias y socializan las pérdidas.
En el mundo global, con los mercados más importantes saturados, las insaciables van por más. Con un discurso hipócrita, en donde se juega con el hambre de una parte importante del mundo, destrozan las economías campesinas, imponiéndoles una lógica de producción y una infraestructura material que no sólo atenta contra la diversidad y el medioambiente sino, fundamentalmente, aniquila las relaciones sociales.
En la discrecionalidad emerge su ganancia. Las relaciones sociales, cuando se quiebran, no hacen ruido; su desvanecimiento es gradual pero constante. Una vez erosionado, es muy difícil recobrarlo. Frenta a esa soledad, el espejismo de la agricultura científica se impone por el convenicimiento o la extorsión, directa o indirecta.
Cada vez más separados, pese a la globalización. Cada vez más hambrientos pese a los aumentos globales en la producción de alimentos. Frente a esta situación, se impone su contrario. Unirse en la diversidad, levantando las banderas locales y protegiendo el patrimonio, haciéndolo público. Sólo así se podrá albergar una tenue esperanza.