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lunes, 22 de octubre de 2018

Un paseo por la dieta de nuestros ancestros homínidos

En este pródigo artículo, Briana Pobiner, una paleoantropóloga del Instituto Smithsoniano, nos cuenta las diferentes metodologías que existen para determinar la dieta de nuestros ancestros. En primer lugar señala la morfología; la forma del cráneo y la forma y tipo de desgaste de las piezas dentales, permite inferir, con los recaudos del caso, el tipo de dieta que se puede sustentar. En segundo lugar menciona la investigación microscópica de la superficie de las piezas dentales. Según el tipo de alimento, son los rastros que se pueden observar en el microscopio; alimentos duros (semillas, huesos) dejan un tipo de marca y los blandos (carne, hojas, etc.). En tercer lugar apunta a los isótopos estables (que son átomos de un elemento que no se desintegran). Los isótopos C3 y C4 del Carbono, permiten detectar el consumo de determinados tipos de plantas, así se puede identificar aquellos comedores de frutas de aquellos comedores de nueces. Los isótopos estables del Nitrógeno, como el 15N y el 14N permiten saber si la dieta está vinculada con el consumo de carnes. Por último, la autora señala los microfósiles de plantas, es decir los granos de alimdón y los fitolitos (es decir las plantas que se biomineralizaron), con ellos se puede tener un panorama más completo del tipo de dieta, incluso saber si la planta en cuestión fue cocinada o no. El estudio de las plaeodietas de los homínidos necesita de múltiples métodos para dar cuenta de la posible recornstrucción de las dietas. AL fin y al cabo la alimentación siempre es un hecho complejo.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Certificación en Paleodieta

Ya desde hace un tiempo, en estas columnas, criticamos el concepto de "Paleo dieta". Varias son las razones para desconfiar de una etiqueta que, cada vez más, se revela como vacía. Al menos si uno lo piensa desde un punto de vista estrictamente antropológico. Básicamente no hay forma de comer una dieta paleo, ya que las especies que se consumían hace más de 10.000 años o bien están extintas o bien son súmamente difíciles de conseguir (y mucho menos de construir una dieta basada en ellos). Más bien todo parece una campaña de marketing muy clásica del siglo XXI, donde lo científico se confunde con la necesidad de ventas de las empresas, apuntando fundamentalmente a confundir a los consumidores para que paguen de más por algo que podrían conseguir por mucho menos. Ahora en EEUU se está debatiendo si es posible brindar una acreditación en "Paleo comida", movida que es financiada por las empresas y que cuenta, claro está con voces encontradas desde la academia. Desde ya que no es que nosotros estamos en contra de que la gente como más saludable o aún de que las empresas ganen dinero, lo que no nos parece correcto es inducir a un consumo que es supuestamente saludable por las razones equivocadas, con el único afán que admite el capitalismo crudo, es decir la tasa de ganancia. Más información aquí.

martes, 18 de agosto de 2015

Otra refutación de la paleodieta

La paleodieta está de moda, pero sus fundamentos distan mucho de tener alguna consideración científica, ya sea nutricional o antropológica. En otros posts, en este blog, hemos refutado sus fundamentos por carecer de sentido en términos del proceso de hominización. Un nuevo estudio sugiere que durante el pleistoceno el consumo de carbohidratos provenientes de tubérculos tuvo una importancia mucho mayor a la que se presuponía en el mantenimiento del órgano más caro, el cerebro. La cantidad de enzimas necesarias para convertir el almidón en glucosa y por lo tanto en energía, es mucho mayor en los Homo sapiens que en nuestros primos más próximos, el Pan troglodytes (chimpancés). Más allá de los debates, lo cierto es que en hominización y en la evolución de la propia comida humana, las incertidumbres superan a la certeza y por lo tanto le dan un carácter enigmático y atractivo a la investigación.

lunes, 30 de agosto de 2010

Paleodietas

En algunos ámbitos se plantea que la dieta ideal del ser humano debe ser aquella con la cual coevolucionó a lo largo del tiempo. Si bien planteado de ese modo, un tanto escueto, se puede concordar con la premisa; lo cierto es que existen algunos inconvenientes con el planteo que es necesario mostrar.
En primer lugar debemos señalar que el estado actual de conocimiento sobre el proceso de hominización no es tan preciso como para establecer una dieta en particular. Podemos saber, sí, que durante el Pleistoceno (la edad del hielo) la mayor parte de los alimentos provenían de fuentes con mucha fibra, de proteínas de animales no domesticados y que carecían prácticamente de azúcares e hidratos de carbono como los que provienen de los cereales. Pero esto no nos autoriza a plantear una dieta en sentido estricto. Por otra parte hay que notar que muchos de los animales que se comían hace más de diez mil años, se encuentran hoy día extintos.
En segundo lugar las condiciones de vida, que determinan y son determinadas por el patrón alimentario, eran radicalmente diferentes a las de hoy. Desde la temperatura global que se hayaba unos cuantos grados por debajo de la actual, hasta la movilidad que exige el modo de producción cazador - recolector (alrededor de 20 km. diarios), la forma de vida era extremadamente distinta a la que encontramos en las ciudades modernas.
En tercer lugar nuestro conocimiento sobre la prehistoria cambia con una frecuencia bastante alta, merced al desarrollo de la disciplina. La imagen que se tiene hoy día de los cazadores recolectores pleistocénicos es muy diferente a la que había en la década del '50 y lo es aún más de la que existía en la década del '30. Por lo tanto cualquier afirmación que se realice, sobre todo en lo referido a la aplicación de ciertos patrones de comportamiento pasados al presente, incurre en un riego grande de quedar no sólo obsoleta sino ridícula a la luz de los nuevos hallazgos.
La solución al problema de la obesidad no pasa por la aplicación de recetas, linderas con la magia, que los individuos puedan seguir. El problema es social y básicamente tiene que ver con la falta de acceso a los alimentos de calidad. Por otra parte las condiciones que plantea el capitalismo, donde cada vez más se sedentariza a los trabajadores/consumidores, fomentan el sobrepeso y atentan contra la salud.
La salida, nuevamente, es social y revolucionaria y no puede recaer, como se suele hacer creer, en la falsa responsabilidad de cada individuo