La Argentina, como todo escolar sabe, es, dentro de la economía mundial, un importante exportador de alimentos. Desde el siglo XIX que las principales divisas extranjeras se consiguen mediante la exportación de alimentos. Sin embargo, pese a esta grave circunstancia, el precio interno de los alimentos no es constante, sino que tiende siempre a subir.
En la década del '90, la inflación estaba contenida (si se compara con los promedios históricos) más o menos en torno a un 2% anual. Pero si se observa la evolución de los precios de los alimentos en esa misma década se percibe un aumento cercano al 10% anual. ¿Cómo se explica?. Una razón coyuntural podría indicar que el dólar barato (1 peso = 1 dólar) hacía muy caros los productos argentinos, por lo que los exportadores podrían intentar volcar esa oferta en el mercado local. Claro que si vemos los volúmenes que maneja la agricultura argentina, es evidente que sólo una pequeña parte puede ofertarse en el país. Hoy en día, el dólar está caro (15 pesos = 1 dólar); sin embargo lo que más aumenta en esta inflación galopante, son los precios de los alimentos. La explicación ad hoc, indica que venden en el mercado interno al mismo precio que en el internacional. Es decir si el dólar está barato, tratan de salvar sus ganancias, cobrando más caro en el mercado interno. Si el dólar está caro, cobran lo mismo que afuera, total que nunca pierden y siempre ganan.
El mercado alimentario argentino está hiperconcentrado, 5 cadenas de supermercados controlan casi el 70% de la oferta alimentaria. Compran barato (a los productores) y venden caro (a los consumidores). Pero esta situación no es exclusiva de la Argentina, como bien señala Raj Patel, este dominio de los grandes supermercados es mundial. ¿Por qué entonces aquí los precios se remarcan constantemente? Básicamente porque aquí no hay regulaciones ni de las ganancias, ni de las prácticas comerciales, o si las hay difíciles de hacer cumplir. Sin un control adecuado, un mercado oligopólico puede ser un peligro para los consumidores. Ese control debe ser ejercido por el estado, pero cuando éste calla, son los consumidores los que tienen el poder de hacerse oir.
miércoles, 17 de febrero de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
¿Era la devaluación inevitable?
Una de las medidas que tomó el actual gobierno y que fue menos discutida, fue la devaluación. La gente, en general, la tomó como inevitable, repitiendo el mismo discurso de los grandes medios de comunicación. Pero, como seres pensantes, tenemos derecho a dudar de todo; así lo indicó el maestro René Descartes, allá por el siglo XVII. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿era inevitable la devaluación?. El argumento más repetido a favor de la medida regresiva, era que el dólar barato, nos quitaba competitividad. Es decir los sueldos, medidos en dólares, eran los más altos de Latinoamérica y por lo tanto encarecían el costo de las exportaciones. Pero resulta que casi el 70% de las exportaciones argentinas, son del mundo del agro, que prácticamente no genera empleo y el que genera es siempre mal pago y en negro. El 30% restante, que sí es industrial, básicamente se compone de productos que se venden a Brasil. Pero, por lo visto, la demanda brasileña no depende tanto de los precios de los productos argentinos, como de la buena salud de su propia economía; Brasil está en crisis económica y por eso no compra productos argentinos, no es por el precio de los salarios argentinos. El otro argumento que se esgrimió para justificar la devaluación, fue que el dólar se encareció en todo el mundo. Esto es cierto y si se repasan los datos, vemos que el dólar se fortaleció frente al resto de las monedas del mundo. Esto implica que es cierto que el peso argentino no acompañó con su depreciación la subida de la moneda yanqui, pero si se observa al resto de las monedas del mundo, la paridad se mantuvo. Por lo tanto aquí tampoco la devaluación era inevitable.
Todo parece indicar que el motivo de la devaluación, fue favorecer a los exportadores (el agro), para que liquiden sus cosechas y de ese modo ingresen, a las arcas del estado, dólares frescos para contener lo que podía ser una demanda descontrolada, luego de la apertura del cepo. La realidad indica que los exportadores no cumplieron sus promesas y no están liquidando lo prometido. Se generó una devaluación que, claramente no cunplió con las expectativas y que, de acuerdo a la historia económica argentina, se trasladó a los precios. Desgraciadamente en nuestro país, cada vez que hubo una devaluación, ese incremento se pasó a los precios, sobre todo a los alimentarios (aunque no tengan componentes importados en su composición). Esto no es así en todos lados; si tomamos los últimos 5 o 6 años, el dólar en México, aumentó casi un 100%, sin embargo, la inflación nunca superó el 2% anual. Algo hay en el empresariado argentino que, cada vez que se devalúa, hace una transferencia automática a los precios. Y no es el mercado oligopólico la respuesta, ya que en otros países existe esa misma estructura de mercado; aquí hay un tema para investigar que debe incluir, necesariamente, el componente cultural que siempre influye en el mercado.
Todo parece indicar que el motivo de la devaluación, fue favorecer a los exportadores (el agro), para que liquiden sus cosechas y de ese modo ingresen, a las arcas del estado, dólares frescos para contener lo que podía ser una demanda descontrolada, luego de la apertura del cepo. La realidad indica que los exportadores no cumplieron sus promesas y no están liquidando lo prometido. Se generó una devaluación que, claramente no cunplió con las expectativas y que, de acuerdo a la historia económica argentina, se trasladó a los precios. Desgraciadamente en nuestro país, cada vez que hubo una devaluación, ese incremento se pasó a los precios, sobre todo a los alimentarios (aunque no tengan componentes importados en su composición). Esto no es así en todos lados; si tomamos los últimos 5 o 6 años, el dólar en México, aumentó casi un 100%, sin embargo, la inflación nunca superó el 2% anual. Algo hay en el empresariado argentino que, cada vez que se devalúa, hace una transferencia automática a los precios. Y no es el mercado oligopólico la respuesta, ya que en otros países existe esa misma estructura de mercado; aquí hay un tema para investigar que debe incluir, necesariamente, el componente cultural que siempre influye en el mercado.
lunes, 1 de febrero de 2016
Calorías en debate
Una de las unidades más utilizadas en nutrición, es la de la caloría. Leemos aquí, en un artículo de la BBC, que conceptualmente y fundamentalmente en la intención de adelgazar, las calorías podrían no ser una buena medidad, no al menos si se las toma en forma aislada. En principio está el problema de la medición de las calorías contenidas en un alimento. Si bien pueden establecerse valores bastante precisos, es cierto también que los procesos industriales pueden agregar más calorías que las que figuran en el rótulo. En segundo lugar no necesariamente todas las calorías son iguales, ya que dependiendo de la estructura química del alimento, esas calorías podrían no ser metabolizadas por el cuerpo (en alimentos con gran cantidad de fibra por ejemplo) y entonces, en este caso, consumir menos calorías que las indicadas. En tercer lugar cada ser humano es diferente y es por tanto diferente la forma en que metaboliza; así la flora intestinal o el tamaño del hígado pueden modificar la forma en que las calorías son incorporadas al cuerpo. Ciertos estudios, incluso, plantean que la hora a la que se come influencia la forma de asimilar las calorías y contribuír tanto a aumentar como a bajar de peso. Hay científicos trabajando en medidas diferentes, como por ejemplo el ranking de densidad nutricional de Adam Drenowski, donde se mide por cada caloría, el grado nutricional de los alimentos. Evidentemente las cosas con respecto a la alimentación son complejas y no simples como muestra la publicidad de las empresas que venden el descenso de peso. Como dice el artículo, cambiar la forma en que medimos los alimentos, puede cambiar la forma en que nos relacionamos con la comida.
viernes, 29 de enero de 2016
Eliminan controles de los rótulos alimentarios
En consonancia con las medidas "pro mercado" que el gobierno de MM viene realizando, acaban de derogar una norma que exigía un control de rótulos de alimentos nuevos en el mercado. El sentido de la normativa era el de evitar que las empresas engañen a los consumidores, prometiendo nutrientes que no poseen o bien minimizando los riesgos que conllevan. La historia de la industria alimentaria está plagada de adulteraciones, desde sus comienzos a fines del siglo XIX. La única forma de evitarlos fue mediante el doble control del estado y los consumidores. El nuevo gobierno, basado en la idea equivocada de que existe un mercado en equilibrio (o bien, pensando mal, tratando de favorecer a los sectores empresarios), intenta desregular quitando controles, con el objetivo de hacer más fluido el comercio alimentario. La realidad es que con esta medida se beneficia únicamente a un sector del mercado, a un sólo lado del mostrador. Si agregamos esta medida a la batería de normas y DNUs que el gobierno de MM está implementando, queda claro que el objetivo es frenar la inflación bajando el consumo y al mismo tiempo aumentando las ganancias de las grandes empresas. De este modo el consumidor queda desprotegido. Correrá entonces por nuestra propia cuenta, como sector de demanda, el de imponer las reglas, sabiendo que el estado, ahora, juega para los poderosos.
martes, 19 de enero de 2016
El tiempo y las comidas saludables
Las recomendaciones sobre la comida saludable abundan tanto en los medios como en las visitas al médico o nutricionista. Incluso el estado hace propaganda acerca de la conveniencia de comer alimentos frescos, como verduras, frutas o carnes. Sin embargo tanto en los medios de comunicación masiva, como en la propia actitud del estado, los mensajes son contradictorios. Por un lado se insiste con la necesidad de comer sano, por el otro nos bombardean con publicidad sobre alimentos que poseen excesos de grasas, azúcares y sodio. El estado también se contradice, por un lado propaganda relativa a la sanidad alimentaria, por el otro reparte alimentos industrializados con alta cantidad de hidratos de carbono, azúcares, grasas y sodio.
Pero lo que poco se toma en cuenta, es la cantidad de tiempo que lleva preparar comidas sanas. Según algunos estudios, la preparación de las comidas sanas, que implica no sólo el abasto, sino el procesamiento y la cocción, es de aproximadamente 20 horas semanales. La pregunta es, ¿quién posee ese tiempo? si la persona trabaja fuera del hogar (como la mayor parte de la gente), el promedio indica que para cocinar sólo tiene 5 horas semanales. Esta diferencia notoria, se subsana, desde el punto de vista de las familias, comprando en el mercado (súper generalmente), alimentos semiprocesados, procesados o ultraprocesados. Frente a esta situación, la esperanza de que las familias empiecen a cambiar sus hábitos alimenticios, por otros más saludables, se desvanece. Los únicos beneficiados de esta situación son las industrias alimentarias, que conociendo el terreno, le ofrecen a las familias, alimentos "listos para comer", aunque no se sepa lo que contienen y sí se sepa que, a la larga, son perjudiciales para la salud.
Pero lo que poco se toma en cuenta, es la cantidad de tiempo que lleva preparar comidas sanas. Según algunos estudios, la preparación de las comidas sanas, que implica no sólo el abasto, sino el procesamiento y la cocción, es de aproximadamente 20 horas semanales. La pregunta es, ¿quién posee ese tiempo? si la persona trabaja fuera del hogar (como la mayor parte de la gente), el promedio indica que para cocinar sólo tiene 5 horas semanales. Esta diferencia notoria, se subsana, desde el punto de vista de las familias, comprando en el mercado (súper generalmente), alimentos semiprocesados, procesados o ultraprocesados. Frente a esta situación, la esperanza de que las familias empiecen a cambiar sus hábitos alimenticios, por otros más saludables, se desvanece. Los únicos beneficiados de esta situación son las industrias alimentarias, que conociendo el terreno, le ofrecen a las familias, alimentos "listos para comer", aunque no se sepa lo que contienen y sí se sepa que, a la larga, son perjudiciales para la salud.
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lunes, 11 de enero de 2016
La OMC y el precio de los alimentos
La OMC (Organización Mundial del Comercio) llegó a un acuerdo para ir eliminando los subsidios que los países centrales tienen en su producción agrícola. Dentro de las decisiones tomadas al respecto, se pretende reducir los subsidios totalmente para el año 218, permitir que los países en desarrollo puedan almacenar alimentos para los momentos de riesgos de hambrunas y dar acceso a los países subdesarrollados al mercado del algodón sin cargos ni impuestos. El comercio global de alimentos afecta hoy a todo el mundo y se espera que en los próximos años se incremente. A su vez, FAO sostiene que los precios de los alimentos serán volátiles en los años por venir, debido a las cuestiones climáticas y geopolíticas. Más información aquí.
martes, 5 de enero de 2016
La dieta cazadora recolectora de los Tsimane
Leemos en el sitio de la National Geographic un estudio sobre antropología alimentaria de los Tsimane de las tierras bajas del Amazonas boliviano. El objetivo del trabajo es aprender las costumbres alimentarias de un pueblo que basa su alimentación en la caza, la recolección y la pesca. Sin embargo y en concordancia con la globalización alimentaria, estos pueblos están siendo introducidos en la comida industrial y empiezan a depender cada vez más de productos como aceite, fideos, etc. El texto discute y comenta la idea de la Paleodieta, alertando sobre los errores comunes que se plantean alrededor de esta temática. Las preguntas acerca de la importancia de la carne (y de qué tipo de carne) y del papel que juega la recolección de alimentos de origen vegetal (generalmente son las mujeres) en la provisión de calorías, están planteadas en el texto, sobre todo a partir de la evidencia arqueológica de consumo de tubérculos y granos silvestres en las dietas anteriores a la aparición de la agricultura. Si bien todas estas preguntas hacen a la antropología alimentaria súmamente atractiva y útil, lo cierto es que ya está bien establecido que las dietas basadas en la alimentación industrial provocan (tanto en poblaciones acostumbradas a esos alimentos como en quienes recién se inician) enfermedades no transmisibles, como la obesidad, la diabetes o la hipertensión.
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